martes, 4 de septiembre de 2007

Violencia entre lesbianas, una realidad invisible

Escrito por Fabiana Tron

viernes, 20 de julio de 2007

Hola, buenas tardes, mi nombre es Fabiana Tron, además de ser activista por los derechos humanos y en particular por los derechos de las mujeres y personas GLTTTBI, coordino desde hace dos años el programa Desalambrando, abriendo el camino para salir del segundo closet. Se trata de un programa de prevención primaria, secundaria y terciaria de violencia o maltrato en relaciones íntimas entre lesbianas.

Nuestro proyecto tiene como una de las tareas prioritarias llevar a cabo una campaña de prevención, concientización y visibilización del maltrato hacia y entre lesbianas. Para eso intentamos trabajar desde todos los abordajes posibles tratando de elaborar un mapa del estado de situación que nos permita tener elementos concretos sobre los cuales basar nuestro trabajo, mapa que pretendemos ir completando a medida que nuestros conocimientos se vallan enriqueciendo en función de la dialéctica que podamos establecer entre nuestra práctica y la teoría.
En este marco, realizamos el año pasado un relevamiento para poder obtener información actualizada, la encuesta llevada a cabo por el Desalambrando fue realizada sobre una muestra al azar durante la concentración de La Marcha del Orgullo, el 1º de noviembre del 2003, constaba de preguntas abiertas y cerradas el total de entrevistas que se realizaron fue de 82. El análisis final de la información obtenida todavía no está completo pero a lo largo de mi exposición les iré mencionando algunos datos que me parecen significativos.
Muchas de nosotras cuando finalmente decidimos salir del closet y entrar en la comunidad lesbiana, lo hacemos con el sueño de encontrar una comunidad cálida y amable. Estamos impacientes por encontrarnos con otras lesbianas, encontrar pareja sexual, hacer amigas, enamorarnos, encontrar un lugar donde las lesbianas no solo sean aceptadas sino también celebradas. El camino para llegar a la comunidad pudo haber sido muy difícil, con personas tratando de detenernos para que no nos convirtiéramos en lo que somos, ridiculizándonos, rechazándonos, odiándonos...
El rechazo, la soledad y la violencia que se ha ejercido sobre nosotras puede ser tan fuerte que puede intensificar el deseo de encontrar en el ambiente lésbico la comunidad ideal, incluso muchas veces este deseo puede ser tan fuerte que tendemos a caer en el error de ignorar, no querer ver o incluso negar los problemas que existen en la comunidad lesbiana.
Lamentablemente las relaciones de violencia, que definimos más específicamente como de maltrato en relaciones íntimas entre lesbianas, son una realidad mucho más frecuente y sus consecuencias mucho más terribles de lo que suponemos. Quiero decirles que medir la incidencia de relaciones de maltrato es una tarea difícil, casi imposible, entre otras cosas por el problema de la invisibilidad que impide que se puedan sacar muestras representativas. Pero, para que tengan una idea, frente a una lista de 10 situaciones que son tenidas en cuenta para diagnosticar una relación de maltrato, que van desde“¿tu compañera hace cosas que sabe que te hieren intencionalmente? hasta ¿Tu compañera te ha empujado, golpeado, pateado o pegado una trompada? El 71% de las entrevistas en el relevamiento contestó que había vivido por lo menos una de esas situaciones. Solo el 5% contestó ninguna y un significativo 24% no contestó. Cuando procesamos esta pregunta de manera que nos permitiera medir si el nivel de maltrato vivido por las entrevistadas a partir de sus respuestas era alto o grave, leve o intermedio el resultado fue: nivel alto 18%, intermedio 44% y leve 38%.
Sin embargo, es una realidad invisibilizada, y lo que es peor aún en muchos casos absolutamente negada. Por eso valoraro profundamente y agradezco a Gabriela e Irene la invitación que me han hecho para hablar sobre este tema. Lo que suele suceder más a menudo es que tendemos a subestimar este tipo de relaciones y cuando las víctimas de maltrato nos animamos a comunicar nuestra situación generalmente escuchamos “No es para tanto” o “¿No estarás exagerando?”. Estas respuestas solo contribuyen a acentuar la situación de soledad y aislamiento que viven las víctimas de maltrato. Sabíamos, cuando comenzamos el trabajo en desalambrando, por nuestra experiencia previa, que la resiste a hablar del tema iva a ser grande pero lamentablemente ha sido mucho mayor de lo que suponíamos. Resistencia que ha llegado al punto de que el año pasado teníamos previsto realizar como parte del trabajo de investigación grupos focales con la idea de profundizar algunos aspectos sobre el tema de resolución de conflictos, hicimos una convocatoria amplia por varias listas y el resultado fue que absolutamentenadie llamó para participar, motivo por el cual tuvimos que modificar todo nuestro plan de trabajo para el año.Quisiera mencionar brevemente algunos mitos y prejuicios que, considero, contribuye a reforzar esta invisibilización y la resistencia que tenemos a hablar sobre este tema.
Mito 1 “Las mujeres no somos violentas” o “Una mujer no puede causar daño físico significativo”.
Mito 2 “Solo las lesbianas masculinas son violentas”.
El sistema de creencias patriarcal sostiene un modelo de familia vertical, con un vértice constituido por el Jefe del Hogar, que siempre es el padre, y estratos inferiores donde son ubicados la mujer y l@s hij@s. Dentro de esta estratificación, el subsistema filial también reconoce cierto grado de diferenciación basada en el género, ya que los hijos varones son más valorados y, en consecuencia, obtienen mayor poder que las hijas mujeres. Este sistema de creencias va conformando a la vez roles familiares, así como los derechos y responsabilidades de l@s integrantes de la familia. También pautan los estereotipos acerca de lo que es o debe ser un hombre y lo que es o debe ser una mujer.
Una de las características fundamentales del estereotipo de masculinidad es el que asocia a la misma con la fuerza, desde niños los varones son socializados para resolver problemas mediante actitudes muy competitivas o por la fuerza lo que los lleva a la conclusión desde muy temprana edad de que el uso de la fuerza es aceptable para resolver conflictos. Por el contrario, se concibe a las mujeres como más débiles y por lo tanto se las asocia con conceptos como dulzura, sumisión y obediencia.
Cuando estos estereotipos de género son naturalizados tenemos la idea muy generalizada de que las mujeres no son violentas. Si además partimos del supuesto de que las mujeres son tradicionalmente subordinadas, obedientes y agredidas por la sociedad lo que surge casi como conclusión lógica es que en una relación de pareja entre mujeres no puede haber violencia porque otra vez se parte del supuesto de que las relaciones que establecemos son igualitarias y comprensivas por naturaleza.
Las mujeres no somos ni buenas ni malas ni débiles ni fuertes ni comprensivas o dulces por naturaleza, cada una de nosotras hemos llegado a ser lo que somos gracias a nuestras particularísimas historias de vida en la cual los aspectos relacionados con la forma en hemos sido socializadas, entre ellos los valores culturales del sistema patriarcal tienen una relevencia fundamental.
Mito 3 “El maltrato entre lesbianas, cuando existe, es diferente al heterosexual porque se trata de maltrato mutuo”
La idea de que la violencia o maltrato entre lesbianas por lo general es una pelea en la cual ambas partes están implicadas es falsa y pone en grave peligro a las lesbianas maltratadas. No negamos la posibilidad de que existan relaciones de lesbianas en las cuales se produzcan peleas o relaciones en las que ambas se ataquen mutuamente, pero esto nada tiene que ver la lo que denominamos maltrato.
Cuando hablamos de maltrato estamos hablando de relaciones donde existe un “patrón de conductas violentas y coercitivas por las cuales una lesbiana busca controlar los pensamientos, las creencias o las conductas de su compañera o castigarla por resistirse al control que quiere ejercer sobre ella". (Esta definición esta tomada de Bárbara Hart)
Las resistencias a asumir que se está viviendo una situación de maltrato son fuertes y las posibilidades de que una lesbiana maltratada sea tomada en serio por aquellas/os a quienes acude son pocas; por eso, muchas veces la víctima prefiere creer que lo que le pasa es una “mera pelea doméstica”. Las lesbianas maltratadas que reconocen que están en esa situación se refieren a la violencia que se produce en sus relaciones como formas de aterrorizarlas y someterlas y no como una pelea hogareña.
Muy probablemente, en algún momento la lesbiana que ha sido sistemáticamente maltratada por su compañera, ya sea psicólogica o físicamente, cometa un acto de violencia, pero esto no debe inducirnos a creer que se trata de maltrato mutuo. Muchas lesbianas maltratadas, después de haber cometido un acto violento hacia su compañera, creen que incurren en violencia mutua aunque lo hayan hecho una sola vez.
Por general, la maltratada se avergüenza de su conducta y esto la lleva a culpabilizarse y a disculpar la acción de la maltratadora que desató la violencia. Es como si pensara que sólo se puede identificar claramente como víctima si nunca ha ejercido violencia hacia la maltratadora: en los casos en que las lesbianas maltratadas se han defendido de forma más o menos violenta, son frecuentes los relatos en los que se muestran confundidas y no pueden reconocer claramente quién de las dos incurrió en maltrato.
En muchos casos la maltratadora refuerza ese proceso de culpar a la víctima, que ha sido descripto por las especialistas en el tema como el fenómeno de "dar vuelta la realidad", y que tiene puede llevar a la víctima a estados confusionales graves.
El impacto del abuso de pareja, aunque sea experimentado por una lesbiana o por una mujer heterosexual, es el mismo. Sin embargo, en el caso de las lesbianas, el abuso ocurre en un contexto de lesbofia, tanto social como internalizada que hace que algunas cosas sean diferentes.* Aunque conocemos bien el tipo de violencia que un hombre puede perpetrar contra una mujer, no estamos preparadas para que la violencia provenga de otra mujer. El saber esto causa un shock, nos hace sentir un profundo rechazo, más aislamiento. Es más difícil de definir, dado que las definiciones de abuso excluyen generalmente a las relaciones lesbianas. Y lo peor es que si la víctima esta envuelta en una relación cerrada, encontrará mucho menos soporte que otras mujeres, y se sentirá mucho más sola.*
Muchas lesbianas no tienen a quien recurrir, porque con cualquier persona de las que puede hablar, incluyendo los servicios de apoyo, conocen a su pareja. Muchas sobrevivientes de abuso recalcan que no recibieron mucho apoyo de otras, dado que cuando mencionaron el hecho de estar siendo abusadas, la mujer que se suponía debía brindarle apoyo le respondía que no había forma de saber quién decía la verdad. Este es un punto que una mujer heterosexual rara vez o nunca debe enfrentar, que se ponga en duda su palabra cuando es víctima.*
La lesfobia social juega un papel fundamental.El modo que la sociedad tiene de controlar y asegurarse que la norma de la heterosexualidad obligatoria se cumpla y a su vez teñirla de un barniz de superioridad es la homo/lesbofobia.
La lesbofobia es un conjunto de ideas y prejuicios que se convierten en parte de la cultura general y se manifiestan en chistes, chismes o comentarios acerca de la homosexualidad o el lesbianismo y por supuesto mucha violencia hacia nosotras.
Estos valores culturales que se internalizan en la familia son reforzados en las diferentes etapas de socialización por otras instituciones como la escuela, la iglesia, el club, en lo que se denomina “legitimación institucional de la violencia”. Esto se produce porque estas y otras instituciones reproducen el modelo de poder vertical y autoritario y de alguna u otra manera terminan utilizando métodos violentos para resolver conflictos institucionales, lo cual se transforma en un espacio simbólico propicio para el aprendizaje y la legitimación de las conductas violentas.
Estos valores establecen una jerarquización que privilegia una cosa por sobre la otra, donde aparecen los pares de opuestos que no son más que el discurso binario, dogmático que incluye a casi todas las instituciones existentes. La diversidad da miedo y así se legitima la violencia para controlarla, siempre aparece un disciplinador para generar miedo.
Frente a la pregunta ¿cómo se expresa la violencia por ser lesbianas?
El 20% de las respuestas fue por homofobia/discriminación.La lesbofobia en el seno de la familia es todavía muy grande.
El 26% de las consultadas frente a la misma pregunta contestó por comentarios despectivos en la familia.
Esta situación hace que para una lesbianas sea mucho más dificil buscar apoyo en el ámbito familiar dado que probablemente le darán armas a ellos para que califiquen a las relaciones lesbianas de disfuncionales y miserables.
La lesbofobia también es causa de que el sistema de justicia no toma el abuso en una pareja lesbiana seriamente, poniendo a la mujer víctima de abuso en el serio riesgo de que la justicia no intervenga para protegerla.
Y finalmente si alguna lesbiana acude a la policía para hacer una denuncia la mayor parte de las veces se expone a reacciones lesbofóbicas muy fuerte y tampoco es tomada en cuenta. La lesbofobia internalizada actuá también de manera particular en un vínculo de maltrato entre lesbiana. Es un fenómeno complejo pero por un lado puede suceder que veamos a nuestra compañera como un espejo de algo que queremos ser pero que debido a nuestra socialización nos enseñaron que era malo, perverso, inmoral, y por tanto era válido atacar o destruir. Por que si la maltratadora tiene a su vez un alto grado de lesbofobia internalizada los ataques a su compañera pueden ser mucho más violentos.
También puede ser que la la maltratadora haya recibido mucha violencia y discriminación por su condición de lesbianas y no pueda descargar esa violencia de otra manera que frente a su compañera. Si, por el contrario la que tiene un alto grado de lesbofobia internalizada es la persona que esta siendo maltratada le impedirá ver y asumir lo que le está pasando, entre otras cosas porque sentirá que los ataques de su compañera son “justificados” porque se merece lo que le está pasando.
Compartimos con las mujeres heterosexuales la violencia que el sistema ejerce sobre nosotras, a la que se suma la carga extra de violencia que recibimos como lesbianas. Todavía tenemos mucho que aprender sobre el maltrato entre lesbianas tenemos por ahora más preguntas que respuestas.
Estoy convencida que asumir que existe el problema es parte de la solución pero además considero que el problema de la violencia es un problema estructural que solo podrá empezar a subsanarse si examinamos y resignificamos las identidades de género y las concepciones y estereotipos sociales sobre esas identidades.
Finalmente estoy convencida de que la única manera de terminar realmente con la violencia de cualquier tipo que sea es desmantelar las ideologías sociales que aceptan la violencia como forma válida de resolver los conflictos de cualquier índole. En este sentido, lograr una sociedad sin violencia es una tarea de tod@s.
Bibliografía:
  • Álvarez, Julia: “En el tiempo de las Mariposas”, Plume Books, 1995. 320 pp.
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  • Renzetti, Claire; "Violent Betrayal; Partner Abuse in Lesbian Relationships"; Sage Publications, California, EEUU, 1992.
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  • Vila, Cristina; “Violencia familiar. Mujer golpeada” Opúsculos de derecho penal y criminología, apuntes de cátedra, facultad de medicina, 1987.
  • Pratt Minnie Bruce: “Gender Quiz, lunch, profits” en: “S/He”, Firebrand Books, Ithaca, New York, 1995.
  • Vain Leonor (coordinadora): “Mujer Golpeada”, Buenos Aires, Editorial Besana, 1era edición, 1989, 282 pp.
  • Kali Munro, M. Ed. “Hablando de abuso en una pareja lesbiana”, Internet, 2004
  • Jorge Corsi, (compilador) “Maltrato y abuso en el ámbito doméstico”, 2003.

    Tomado de RimaWeb